Información y muerte

  

Licencia CCHablar sobre la muerte en un lugar lleno de tradiciones, ideas y costumbres, como México, puede tener muchas y muy variadas connotaciones. La visión de la muerte más representativa en estas tierras es la celebración que los días 1 y 2 de noviembre convierte la memoria de los seres que han partido en un festejo, en un motivo para recordarlos a través de sus hábitos alimenticios, y prolongar su presencia en un mundo que ya les es ajeno.

La muerte, en estos días, nos da un buen pretexto para emplear la creatividad, para la sátira y el humor. El ingenio de los mexicanos es, entonces, puesto a prueba, y las tradicionales “calaveritas” hacen las delicias de quienes gustan de saborear las letras unidas en versos. Esta perspectiva nos vincula de cierto modo con la información.

Sin embargo, en los términos más ampliamente difundidos, no sólo en México, sino en casi cualquier contexto, la muerte entraña dolor y desazón. La ausencia de quienes se adelantaron en el camino representa un vacío que, se sabe, no podrá ser fácilmente llenado y, si bien, el paso del tiempo obra con el fin de sanar las heridas abiertas con la partida, hay algunas que no terminan de sanar completamente, que se abren con motivo de fechas o circunstancias que recuerdan la antigua presencia del ser querido.

Pero ¿qué relación hay entre la muerte y la información?

Una de las acepciones de la Real Academia define a la muerte como la “separación del cuerpo y el alma”; otra dice que es “destrucción, aniquilamiento, ruina” (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2014). Si pensáramos en la información o, incluso, en el conocimiento, y tuviéramos que determinar si su naturaleza es la de cuerpo o alma, quizás nos sentiríamos inclinados a conceptualizarla como ésta última, mientras que el cuerpo sería representado por la humanidad. En ese sentido, la muerte equivaldría al hecho de que la humanidad perdiera la información o el conocimiento generado a lo largo de dos milenios. ¿Seria esto posible? Quizás sí, y en tal caso, estaríamos hablando del aniquilamiento.

Quisiera retomar un extracto del libro “Un cuento bibliotecario” (Rangel, 2017), en el que se desarrolla un diálogo filosófico entre dos protagonistas, Kimm y Dick, relativo al papel de la información y el conocimiento.

Kimm dice que la información es la materia prima de una biblioteca y el conocimientos es la energía que mueve al mundo, pero Dick no está de acuerdo. En primer lugar, explica, la información no es materia, porque la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Sin embargo, la información sí puede destruirse, y la paradoja es que se destruye justamente cuando se transforma. Por supuesto, la evolución lleva a que la información disponible en cada etapa de la humanidad difiera, pero para que haya constancia de lo que se creía en cada una de ellas es necesario que la información permanezca a lo largo de los años, de lo contrario, se desconocería el pasado y sólo habría al respecto especulaciones.

Pensemos, por ejemplo, en la combinación de una caja fuerte, que está anotada en un papel. Si alguien llega a cambiar los números anotados, sin dejar constancia de la combinación original, la información se habrá perdido, y con ello, la posibilidad de abrir la caja fuerte (por lo menos, del modo convencional).

En relación con el conocimiento, el argumento es muy parecido. El conocimiento no es energía, porque la energía no se crea ni se destruye, sólo se transfiere; pero el conocimiento sí se crea, a partir de otro conocimiento previo, y puede destruirse si no se transfiere.

Un conocimiento trascendental en la historia de la humanidad, como la teoría de la relatividad de Albert Einstein, habría significado absolutamente nada si no hubiera sido dado a conocer. El conocimiento que no trasciende la frontera del intelecto de su creador no queda más que en anécdota.

En ese sentido, podríamos decir que la función del libro (o del documento en general) es la de conservar la información y transferir el conocimiento para que no se destruyan. En otras palabras, evitar la muerte, porque en tal caso, quizás lo más grave sería que la trascendencia de ese hecho no sería valorada en la misma medida que la de un ser humano, aunque quizás podría ser mayor.

Obras consultadas

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «muerte». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. ISBN 978-84-670-4189-7. Consultado el 1 de noviembre de 2018.

Rangel, D. (2017). Un cuento bibliotecario. México: El Autor.

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